El empowerment y la dirección de personas

9 empowermentConceder autonomía a los trabajadores es de vital importancia, pues supone ventajas incuestionables para toda organización. Permite delegar responsabilidad y vincular conductas con los resultados de la organización, lo cual lleva a una mejor aportación de los trabajadores, que sienten que sus puestos les pertenecen y que tienen control sobre sus actuaciones.

Pero es un estilo de dirección que también puede conllevar notables riesgos. ¿Cómo encontrar el equilibrio?

Generalmente detrás de un trabajador motivado, con iniciativa, que sabe participar en equipo y para quien su trabajo significa un reto, hay un responsable que sabe dirigir.

La información facilita la toma de decisiones. Sólo un profesional bien informado puede tomar decisiones fundadas. Compartir la información y fomentar el intercambio de experiencias entre los trabajadores es fundamental. Pero el directivo, al mismo tiempo, ha de ser consciente de que los trabajadores necesitan ser informados sobre cuál es su margen de libertad para decidir y sobre si las decisiones que toman son objetivamente correctas.

 En caso contrario, la autonomía puede provocar problemas de competencias  y responsabilidades. El directivo debe aclarar cuáles son las reglas fundamentales en las actuaciones de sus trabajadores (por ejemplo, el área de actuación asignada, el producto o servicio del que cada uno es competente).

 Delegando capacidad de decisión dentro de los límites establecidos, los trabajadores se vuelven flexibles y rápidos, aumentan su motivación y eficiencia y, por consiguiente, desempeñan mejor sus funciones.  Puede ocurrir que un trabajador al que se le dé autonomía, al principio, tome decisiones equivocadas. No hay que olvidar que esto le permitirá aprender de sus errores  y ser conscientes de sus limitaciones.

 Por último, destacar que no a todos los profesionales les gusta tener autonomía y responsabilidad, sino que más bien al contrario, algunos las rechazan y prefieren ser dirigidos. Es pues tarea del directivo reconocer  a las personas que poseen, por naturaleza, el potencial necesario para desarrollar y asumir responsabilidades y comportarse de acuerdo con los objetivos de la organización.