¿Tienes un Magic Johnson en tu equipo?

La recién finalizada Euroliga y la cercana Copa del Mundo 2014 de baloncesto me han hecho reflexionar sobre ciertos aspectos del management.
En baloncesto, el director del juego (generalmente en posición de base o escolta) viene a ser el manager del equipo, o sea una prolongación del entrenador en pista, pues a él le corresponde la difícil tarea de coordinar el juego y aplicar los planes diseñados por el entrenador, que en términos comparativos empresariales equivaldría a un Director General. Por ello, a menudo, los directores del juego acaban convirtiéndose en entrenadores cuando acaban su carrera de jugadores. Por poner algún ejemplo, Pablo Laso, Miguelito López Abril, Joaquín Costa.
Hay diferentes estilos de directores de juego:
• Los encestadores natos que no destacan por sus dotes de coordinadores de juego (Petrovic, Tyrese Rice, Juan Carlos Navarro).
• Los buenos coordinadores de juego, que no tienen peso específico a nivel de anotación (Giannakis, Juan Antonio Corbalán, Ricky Rubio).
• Los grandes encestadores y coordinadores del juego (Magic Johnson, Nacho Rodríguez, José Manuel Calderón) :
En el mundo de la empresa, a menudo se encuentran en situaciones similares:
• Managers que consiguen resultados, pero que no tienen grandes dotes de dirección de equipos
• Managers que saben dirigir equipos, pero que no consiguen grandes resultados
• Managers con dotes de dirección de equipos y que cumplen objetivos.
33 Magic JohnsonY entonces nos preguntamos, ¿a qué damos prioridad: a los objetivos operativos personales o a los del equipo?
Los grandes dirigentes son los que logran conciliar sus objetivos personales con los del equipo que lideran.
Los jugadores y el entrenador han de poder contrastar sus objetivos personales con los del equipo, lo cual nos dirá cuanto compromiso se puede obtener de cada jugador. A veces equipos plagados de estrellas no obtienen los resultados esperados. Ello porque a veces los objetivos individuales evitan que se consigan los objetivos deportivos.
¿Qué esperamos pues de un buen manager?
Nos esperamos de él cualidades y competencias que no todo el mundo tiene. Y ser buen manager no necesariamente ha de estar relacionado con haber destacado en algún ámbito concreto.
• Un buen manager tiene un sentido sólido de la organización para cumplir con la misión y las tareas que se le han confiado. Ser manager no significa no realizar tareas operativas, pues un manager nunca debería desconectar de este tipo de tareas.
• Un buen manager sabe motivar y comprometer a las personas de su equipo, con las cuales ha de compartir su visión.
• Un buen manager sabe asignar responsabilidades a los miembros de su equipo.
• Un buen manager tiene seguridad y autoconfianza para hacer frente a la adversidad y no transmite dudas a su equipo.
• Un buen manager sabe crear relación de confianza, transparencia e intercambio.
• Un buen manager toma decisiones porque está convencido de que éstas son positivas para la empresa y no para él.
• Un buen manager crea cultura de grupo, de organización, sin que ello suponga ensombrecer la capacidad de cada persona.

Como decía un grande de la literatura, Rudyard Kipling, en el segundo libro del Libro de la Selva: la fuerza de la manada es el lobo, y la fuerza del lobo es la manada.